• Ricardo Herrera Alarcón

Vasos de agua puestos sobre una mesa [Cinco poemas de "Manteles y nubes", de Rodrigo Massi]

Por Ricardo Herrera Alarcón


Manteles y nubes, ópera prima del poeta Rodrigo Massi (Temuco, 1980), es un libro a la antigua usanza, de esos primeros libros que publicaba Arancibia Hermanos en la Colección Orfeo o las ediciones Alerce de la Sech. Es un primer libro al estilo de Para saber y cantar, de Floridor Pérez, o Las palabras del fabulador, de Quezada. Es un libro breve (38 páginas) dividido en tres partes: Todo se escurre, Manteles y nubes y Despertar del otro lado. Pero cada poema de cada sección podría estar en la otra, las fronteras son difusas y de esa manera el libro funciona como un espacio que uno recorre sin apuro, un lugar dibujado con paciencia y sin prisa, donde conviven sus amigos muertos y vivos. Es un libro que se visita como se recorrían los antiguos trenes, de vagón en vagón, observando a la gente que duerme o conversa jugando a las cartas, de noche y con una luz que se apaga y se enciende a merced de la intensidad del viaje.

Los poemas de Manteles y nubes son como vasos de agua puestos sobre una mesa, que el lector puede beber para luego observar por la ventana una naturaleza que el poema nos va descubriendo. Massi es riguroso en el gesto de apropiarse del paisaje: no lo quiere con la pesadez de la palabra territorio, pero tampoco despojado de cierto aire identitario, que es siempre una identidad huidiza, una fotografía que solo en apariencia parece borrosa. Creo que de ahora en adelante Rodrigo tiene la tarea de superar este Manteles y nubes y no es una tarea fácil, pero ya lo está haciendo desde Porvenir, donde reside actualmente. Desde allí me envía sus poemas que ahora hablan de tierras agrestes, de seres milenarios, de vientos patagónicos. Rodrigo es un entusiasta de la poesía. Ojalá nunca pierda para él ese carácter gozoso, que no se le vuelva una cosa pesada que deba arrastrar como un cadáver. Hablamos por teléfono y me cuenta que conoció al hermano de Aristóteles España. Otro día me llama desde Punta Arenas y se le escucha feliz. Que nunca pierda esa felicidad, que deje de escribir antes de dejar de ser feliz.

A continuación les presento cinco poemas de este libro. En ellos despliega una poética donde predomina cierta perplejidad frente a la fiesta de la naturaleza, como si la contemplación fuera la manera de acercarse a un espacio que siempre se está descubriendo de nuevo y donde la palabra es un puente para que los lectores podamos cruzar y encontrar al otro lado un nuevo sentido.



Puentes


Se abre la puerta de nuevo y hay que salir

tengo la sensación de necesitar un puente para llegar a la calle

un puente que une de cierta forma mis pasos

o lo que sea para no cansarme.


Antes cuando niño los puentes me maravillaban

hoy no pero los siento imprescindibles.


Hay algunos que parecen moverse en el tiempo

hay otros que el tiempo derrumba

¿Habrá espacio para uno más?

¿Para el más grande del mundo?


Que me permita atravesar la vida que es el agua y que observo desde arriba.



Génesis


Para comenzar es necesario un movimiento

para continuar es imprescindible no detenerse.


En el principio emergió de la nada una idea

atravesó distancias inexistentes buscando un lugar

iba y volvía de un lado a otro

el movimiento le sentaba bien y la quietud fue desplazada

pero hubo un problema.


En su deambular por la inmensidad se enfermó de sinsentido

tuvo que detenerse y la hermosa quietud fue la cura para su mal

se transformó en su esencia.


La idea decidió crecer y con esto el movimiento se llenó de fuerza

Luego tomó formas y figuras

la quietud tomó sombra.


Y se escribió un poema con galaxias, constelaciones y estrellas.



Naturaleza


Haz puesto atención en la velocidad e ímpetu

con que los insectos se acercan?

Con qué precisión encuentran siempre su objetivo

con qué insistencia nunca pierden el espacio propio

con qué vehemencia unen sus cuerpos pareciendo a veces uno solo

y bailan y se contorsionan jugueteando en el aire

tras sus breves soplidos.


Así de sensual y loco es ese insecto que viaja por tus venas.



Temporada


Subiré al techo de mi casa,

observaré.

Permaneceré en aquel lugar algún tiempo

viendo el cielo enrojecerse.

Olvidaré todo

no tendré más que el pensamiento

y seguiré imaginando

para qué has venido.



Aullido


Todos tuvimos una buena mujer y la perdimos

o la olvidamos por error

cuando nos encontramos de golpe

en la esquina más solitaria de la ciudad

cantamos de alegría y nos reímos

de la desgracia del tiempo

mientras ella no baila, no ríe, no llora

ni se saca el maquillaje.

Todos cantamos en su fiesta

esperando sinceramente

sabernos arrepentidos.