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La maravilla de estar vivo

  • Viaje inconcluso
  • hace 2 horas
  • 5 Min. de lectura

Selección de poemas del libro «gozo» (Editorial Aparte, 2025) de Lucas Costa.

 

Selección y nota introductoria de Andrés Urzúa de la Sotta


No sé muy bien cómo introducir este libro de Lucas Costa. Podría rellenar con un dato curioso: la ambigüedad del término “gozo”, que además de “alegría” o “placer” da cuenta de un tipo de composición poética de carácter religioso y celebratorio que abundó durante la Edad Media.

Pero no va por ahí lo que quiero decir. Más bien quiero expresar algo que pocas veces se menciona cuando nos dedicamos a escribir sobre libros de otros: la experiencia de la lectura, las sensaciones y resonancias que se abren dentro de nosotros al momento de aproximarnos a la lectura de un libro. Y escribo “aproximarnos” intencionalmente, porque leer es acercarse, casi introducirse en un tipo de experiencia que rebasa por mucho los procesos meramente cognitivos. Entramos a los libros con el cuerpo, leemos con todos los sentidos.

Me encontré con gozo sin querer queriendo. Vi en RRSS el afiche del lanzamiento con entrega gratuita y no dudé en pedirle al autor una copia digital del libro. Días después de recibir esa copia me empecé a acercar a los poemas dudando, como quien no está del todo seguro del terreno que pisa. De antemano, la idea de una poesía “gozosa” me parecía bella pero a la vez contradictoria. Los que leemos y escribimos sabemos que la poesía, y en particular la chilena, está sobrepoblada de realismo, crítica y desilusión. Que hacer una poesía celebratoria puede parecer algo evasivo. Pero no. Lo que experimenté fue lo contrario: un ventarrón de aire fresco. Porque estos poemas son conscientes del gozo, pero también de su reverso. De que toda experiencia humana espejea su lado opuesto. Y el gozo nace, en este libro, de una redención: la aceptación de la muerte de la madre. La absoluta entrega ante un destino que rebasa nuestros dominios, pero que a la vez nos permite entregarnos sin expectativa a la maravilla de estar vivos.

 

 

Flauta de escripto

 

Si tan solo pudiera

dejarme ser

como la tapa del escripto

que se mete

a la boca

 

y dejar pasar el aire sin más

algarabía cosquillas

en los labios una especie de música

que gozo de puro oír de lejos

 

cuando la pone de vuelta

la saliva suelta

la tinta reseca de su otra mitad

 

el color

indeciso

vuelve

 

ojalá ser ducto

dijo alguien

por ahí

 

bien chiquito.



Alguien dormirá ahí otra vez

 

Cada día que pasa

el colchón

se mancha

un poco más

que la noche

anterior y él

que no quiere

despertar

en la tibieza

de un pozo

llena el umbral

de la pieza

a gritos se hizo

según él

porque de nuevo

lo dejamos solo.



Cuando levantarse supone un logro

 

Detrás de todas las cosas ¿estás ahí,

Señor? Cúmulo, rastro, vaguada

costera por donde habla el mar y suelta

su saliva llega a la doca y no dice, oye

sosiégate, porque la doca no habla

de sí misma como esta cesantía

por donde imagino un ventanal que da

al roquerío en la pantalla del compu.

Vez que puedo me afeito mirando impávido

el mar a medio día y paso tiempo

perdido en videos de cocina, confundiendo

flojera y depresión. Te hecho

la culpa por sentirme así

cuando siento que tu rastro se fue

agarras la paila con las manos

se prende el mechero

esperas los minutos consecutivos

hasta la transparencia de la cebolla.

Soy el sofrito, te oigo, nadie

tiene porqué darse cuenta, lo crucial

levanta todos los sabores trata

nunca llamar la atención.

 

 

Test de embarazo con dos rayas

 

Mi amor llevo cinco

días de atraso y no

puedo imaginar otro

ni dormir del nervio

que la idea me da

más allá del colapso

que día por medio pase

la noche en vela

al borde sin querer

oír los pasos

de los niños

por el pasillo

calculo cada vez

más y termino

pensando en

enfermedades

que no tienen

aunque mañana

queramos otra

por el momento

ni tocarnos.

 


Calibración del oído mañanero

 

¿Qué será eso que grazna

cruje o chilla ahí al lado?

 

¿El vecino afilando un cuchillo

contra la reja? ¿Una bandurria

 

limándose el pico contra la acera?

¿Los dientes unos contra otros?

 

¿Un quejido de agonía? ¿Un suspiro

prolongado de cansancio? ¿O el orgasmo

 

que con su voltaje pone en marcha

la maravilla de estar vivo?



La pinta a los cinco

 

Ella es muy seca

para jugar a la pinta.

 

¿Quién? ¿La Leo?

 

No, esa mariposa.

Siempre aparece y gana.

 


Lo último que nos dijo fue romper una rama

 

Justo antes de que la carroza funeraria entrara

para llevársela de la casa se desganchó una rama

de buen calibre, sus puntas arañaron

el capó de su auto, años antes

tuvimos que hacerle una intervención

(encerrona le decía ella)

decirle

que no podía manejar más

—siempre que hicimos algo así

nos tildaba a todos de maricones—

pasamos meses escondiendo las llaves

yendo a comprar cigarros rápido antes

de que perdiera la paciencia, yo mismo

vi cómo partía la última vez por demorarme

incluso me interpuse pero me tiró el auto

encima. Ese día me di el gusto imbécil

de imaginar que no volvería, pienso ahora

que vuelve en este gesto, el gancho: ¿qué habrá

querido decirnos? Descolocarnos de seguro

como esa vez en su lecho de muerte

las últimas palabras que salen otra

vez de su boca cuando me vio con cara

de joda y me dijo: “ya huevón, déjate de hueviar”.

 

 

Después de pasar el año más duro

ella me pidió irme a reencontrarme

 

Pasé cinco días nadando a capela

pensando en la muerte de mi mamá

me di cuenta que sin pelearme ni guiñarnos el ojo

braceaba conmigo

estelas de bonitos

centelleaban sobre el agua

los hice remojar en leche de tigre

y alzar las cejas de los comensales

(como ella me enseñó) su corazón

palpitó un poco más junto al mío

pero el papá siguió el ciclo de entrar a urgencias

su cuarta hospitalización en menos de 2 meses

pensé: «¿Dios, en serio? De una vez

por todas corta tu hueveo». Vino después

viajar hasta el límite

donde había una cascada y empezar

a hablar sin escándalo ni espuma en la boca,

sentarme en la silla de camping

de cara a las estrellas y rogarle

me diera tragar la borra que acumulé

todo ese año. Entonces sucedió el beso

sin forzar o mover meñique alguno

bajo la presión del agua

buscarlo sin obligación en las corrientes

del deshielo, los bidones vacíos

para cocinar y asearse

sentirlos llenarse uno a uno.

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