• Juan Manuel Mancilla

La cátedra a la calle

[Nibaldo Acero. Principios básicos de rabiología. Bordelibre Ediciones, 2018]


Por Juan Manuel Mancilla

El texto de Nibaldo Acero enuncia denunciando, pero sin pretender “elevar” una voz de autoridad, el hablante, más bien inversamente, desautoriza aquellos discursos cuyo objetivo es sobreponerse por imposición frente a otras voces definidas predeterminadamente como “minoritarias”. En otras palabras, Principios básicos de rabiología desarma los principios de la hegemonía (científica, por ejemplo) por una idea que propaga otro tipo de saber/poder, más justo, más digno. De todos modos, no se trata de un manual, y si lo es, su discurso parodia la seriedad imperante de la lógica, en este caso, priorizando una respuesta mucho más intuitiva: la rabia. En varios de los poemas se une y reúne, vía lengua, donde se reivindica esta como una potencia humana frente al disgusto, una exclamación, incluso biológica, del malestar como forma válida de reivindicar derechos y exigir deberes incumplidos.

Y es este último aspecto, el biológico, el cual va tejiendo conectivamente al texto dividido en tres: “Nutrición y Morfogénesis”, "Reproducción”, “Patogenia”. No pretendo abarcarlos todos, sino mirar en panorama algunas ideas y aspectos de la propuesta, eso sí, guiados por dos claves estructurales: lo social y lo biológico. De este modo, el acercamiento (irónico) al discurso científico que ensaya Acero en las tres secciones está ligado al campo de la biología humana en su amplio desarrollo, en específico, refiriendo las tres grandes fases o estadios de los organismos vivientes: vida-desarrollo-muerte, en cuya última etapa y final de la obra encontramos la presencia de la enfermedad y el desequilibro del sistema orgánico. Un desenlace fatal, que al no disponer de la medicina adecuada, lo patológico termina por afectar irremediablemente ese cuerpo que en el texto leemos como nación, país, cultura, era, etc.

El título ya crea un efecto paronomástico al confundirse rabiología con radiología, resultando interesante el procedimiento porque el texto mismo es también un ejercicio de diagnóstico, una especie de auscultación del cuerpo-nación que emite imágenes-país pasadas por el ojo poético que mira en visión de Rayos X o en espectro infrarrojo, cuyo procesamiento imagenológico radiografía al Chile de los últimos cincuenta y más años.

Acero, lleva esto al campo político-social y a la historia reciente del país, donde el texto podría estar dando cuenta de aquel momento final, el desenlace complejo del cuerpo-nación aquejado por los males (malos) y enfermedades metafóricas o reales que una categoría puede decir mejor: biopoder, expresado en una biopolítica que gobierna y ejerce el control sobre la vida de los cuerpos individualizados que “pululan” o circulan por las fronteras restringidas del espacio-cuerpo nacional.

Así, el texto de Nibaldo Acero pone termómetro en este cuerpo sintomático, diagnostica y desconcerta una rabiología propagada a modo de cura para que el organismo enfermo pueda “re-tomar conciencia” respecto de aquello que lo daña. Buena parte de esto podría leerse a partir del poema “Perrock” (53):



Perrock


A Matías Catrileo

como perro // como perro


Como un perro me he lanzado a la yugular de los poderosos

y he cobrado, pero aún me deben un barril de sangre.

Como perro lavé la loza de la realeza

y como a un perro me han corrido de los glamorosos bailes.

Como perro me han amarrado el hocico con alambre

y como perro he ladrado hasta cortarlo (…)

Como perro callejero me he agarrado a trompadas

con los perros de fina raza,

como un perro he mordido, y me han sacado la cresta,

y como perro

he vuelto casi de inmediato a la carga. (…)


“Perrock”: una especie de taladrido a las calles de la poesía y del país. Por lo tanto, aquí no es anecdótico, ni iluso el epígrafe que con-forma parte orgánica del texto, lo leemos a modo de reposicionamiento, defensa, arrostramiento y homenaje póstumo al comunero y dirigente mapuche asesinado por el Estado chileno.

Por otra parte, llama la atención del “Perrok” que lo verbalizado por el poema en octubre recién pasado se encarnó en la icónica figura del perro Matapacos. El “Perrock” del texto podría ser perfectamente el Matapacos de la Plaza de la Dignidad, la otrora Plaza Italia de Estación Baquedano. Junto con esto, vemos otra vez algún “principio” regenerador como en un injerto de palabras, un experimento verbo-social donde el poeta conjunta entidades y de la cruza del perro y el rock sale este poema remezclado. Una serie perruna de versos a través de los cuales identificamos a lxs habitantes del país de los últimos 50 años, incluso, del último siglo: “Como perro lavé la loza de la realeza y como a un perro me han corrido de los glamorosos bailes”. Lxs chilenxs que han sido apaleados como perros callejeros o también encerrados como perros caseros recibiendo diferentes clases de golpizas y abusos físicos y mentales.

En estos últimos días hemos visto y escuchado por las calles, por todas las esquinas del país una encarnación en vivo de este “Perrock” de Acero, en particular, me refiero a la tokata hecha por una banda de rock callejera que como pequeño cañón de música ladra en la primera línea de la estrofa, realizando un cover del archiconocido himno de RATM “Killing in the name”. He ahí el “subversivo Perrock” de Acero ladrando “a tooo chancho” la denuncia, el testimonio de cada uno de los “Perrockeros” que se han lanzado a recorrer las calles del país enfrentando la toma del territorio por parte de las milicias estatales, “Perrocks” que creen y luchan por la libertad y enfrentando cara a cara la cacería, los perros sueltos de cadenas que taladran al odio de los pacos, políticos y milicos el odio al odio.

Tanto el poema como el cover local suenan a realidad cruda, nada procesado, así, tal cual, en la carne, en vivo y en directo, sangrante, callejero, pordiosero, insurrecto, rudo, ruidoso, pero, a la vez, solidario y compasivo en la soledad de la manada que también suena a hermandad. Perrock del barrio ladrándole al país enrejado, apañados en la protesta, como clan-destino, como club apiñados, como barra, como un solo cuerpo de perros que avanza por las calles persiguiendo a los “auténticos” plagiadores: “Como un perro me he lanzado a la yugular de los poderosos”. Una y otra forma más de insistir en el registro y comunicación de los sórdidos hechos de una nación que tiene más historia criminal que beata, que tiene más a su haber de fuerza brutal que tradición de razón dialogada: “Como perro me han amarrado el hocico con alambre / y como perro he ladrado hasta cortarlo”(53).

La preferencia en el texto de Acero por la escritura de poemas extensos, efectivamente lo acercan a la pulsión de las poéticas políticas de los años 80, como la de Alexis Figueroa en Vírgenes del sol o de Carmen Berenguer en Bobby Sands desfallece en el muro, y que en el fondo arrastran los metales oxidados desde 1973 hasta hoy cuando suelto el lastre, nuevamente sale a flote.

Otra correspondencia entre los textos de Acero y la poesía de los 80 es una cierta voz satírica cercana a la ironía (Cameron o Lira, por ejemplo) como herramienta discursiva que interroga los límites, que persuade, que aguijonea la mente para activar el pensamiento, atiza la duda y el desmontaje de creencias. De hecho, esta función deconstructiva del texto la advierto en el desarrollo metadiscursivo de su poesía: la paródica exposición de una clase o exordio primero a la cátedra de “Rabiología”, por supuesto, sin querer ser disciplina, por el contrario, con el pulso insurrecto de este perro, aprehendido en los callejones de alguna desconocida universidad y que después de apaleado: “he vuelto casi de inmediato a la carga”.