top of page
  • Viaje inconcluso

"Variantes de la libertad definitiva": arqueología de un libro militante y clandestino

Por Ernesto Guajardo



Estas notas buscan reconstruir la historia de un libro y conocer en algo la vida de su autor, Samuel Lafferte, al momento de publicar su obra. Es, al mismo tiempo, un ejercicio de memoria que nos permite detenernos en una zona de la producción poética nacional que, en términos generales, no fue considerada ni en las antologías ni en el ejercicio crítico literario: la poesía clandestina en Chile.


No tengo claro el recuerdo en mi memoria de cómo llegó el libro Variantes de la libertad definitiva a mis manos. No sé si lo compré o si me lo regalaron. Lo que sí es claro es que, desde que lo tuve en mis manos, no he permitido que abandone mi biblioteca, hasta el día de hoy.

En más de una ocasión me preguntaba quién sería el autor de este poemario. Me intrigaba saber sobre su vida, pero tenía del todo claro que esa información estaba muy lejos de mi acceso. Ya en los años noventa, mientras se comenzaba a vivir una democracia en la medida de lo posible, conocí a una o dos personas que estuvieron encarcelados y me preguntaba si acaso uno de ellos era el poeta.

Recién este año, y vía redes sociales, he logrado conocer el nombre verdadero de Samuel Lafertte. Pero esta es una larga historia, así que antes de llegar a ello, debemos contar primero la historia del hombre tras el seudónimo.

EL MILITANTE POETA

Samuel Lafertte (en la foto) comenzó a escribir estos poemas en 1976, entre una ruptura amorosa y el activismo político clandestino. Su militancia lo llevó a viajar a la URSS. En Chile dejó una caja de cartón llena de poemas, en la casa de sus abuelos, con quienes vivía, en la Población José María Caro. Un allanamiento en el sector marcó el destino final de dichos textos: «Ellos vieron que sería peligroso para la seguridad de la casa y de ellos mantener esa caja, (por el) miedo y (la) presión de la situación quemaron todos mis poemas, solo quedé con una selección de poemas que había llevado conmigo en viaje clandestino. En la URSS también escribí algunos poemas», nos relata Samuel.

El 25 de noviembre de 1985 Samuel Lafertte es detenido por Carabineros, en la ciudad de Rancagua. Pasará luego a la jurisdicción de la Central Nacional de Informaciones (CNI) y fue torturado en el Cuartel Borgoño. Permanecerá medio año encarcelado en Rancagua. En ese periodo escribirá varios poemas que también serán incluidos en su primer libro.

Obtendrá la libertad bajo fianza y pasará a la clandestinidad, continuando con su militancia en las Juventudes Comunistas, organización que lo envía a Valparaíso. A esta etapa corresponden sus poemas «Te presento mis poetas queridos» y «Por que Lenin». «Me enamoré del puerto y de una rubia militante (Alicia) porteña», nos confiesa.


SURGE UN LIBRO

Variantes de la libertad definitiva es un libro en propiedad: presenta colofón, datos de imprenta, incluye fotografías, dedicatoria e incluso un prólogo, firmado. Por cierto, casi todos esos datos estaban falseados: era un libro clandestino, y todos quienes colaboraron con él asumían también dicha condición.

El prólogo está firmado por Alberto Caiero, seudónimo que corresponde a Víctor Hugo Romo (y que, claro, es también uno de los heterónimos del poeta portugués Fernando Pessoa). Romo, junto a Samuel, trabajaban en la oficina de «Nuestro Canto», programa de la Radio Chilena, destinado a difundir la música folclórica chilena y latinoamericana.

La fotografía de portada, así como las del interior del libro las realizó el fotógrafo Héctor López Espinoza, el Chino, quien en esa época también militaba en las JJCC. Existe una excepción: en el libro se presenta la fotografía de una presa política, ella es Kika, y la imagen la entregó su hermana Cristina Valencia.Por esos años, Cristina y Samuel eran pareja.

El seudónimo escogido por el autor no pretende ser críptico: evidencia con claridad su militancia comunista. Para quienes conocen algo de la historia política del Partido Comunista, el apellido Lafertte no les resulta extraño: «Yo vivía en las Rejas Sur, Población Robert Kennedy, empecé a militar en la JJCC y el primer libro que cayó a mis manos como educación política y militante fue la Vida de un comunista de Elías Lafferte, me impactó mucho el libro y la vida de ese gran militante obrero y mi primera chapa política fue Samuel (1976)», indica.

Nos encontramos, entonces, ante un libro militante, y la producción de una obra de esta característica no es ajena a las condiciones de producción de cualquier otro material de agitación o propaganda:


"Se imprimió por un compañero del Partido que tenía imprenta, e imprimía la propaganda, documentos y otras cositas necesarias para la lucha. Le decíamos Pepe. Se hicieron 500 copias, se vendieron, regalaron y las puse en diferentes librerías de Santiago. En especial la librería Rucaray de mi querido amigo Mario Llancaqueo, en Santiago estaba ubicada en la calle Compañía, creo. En aquel lugar pasaba un buen tiempo conversando con Mario, también leyendo. Fue un gran amigo y compañero".


En el proceso de edición, corrección y organización de los poemas también participaron Romo y Llancaqueo. El autor también contó con el apoyo de Javier Chávez (Héctor).

Para publicar la obra se contó también con la ayuda económica de una militante de las JJCC, de nombre Carla.

Vender un libro que ha sido escrito, editado e impreso en la clandestinidad no es algo fácil:


"Llegó el libro editado a la librería de Mario, porque era peligroso usar una dirección particular. Cuando lo vi me puse a llorar de la emoción. Celebramos el nacimiento con una botella de vino.

En los tiempos económicos duros, el solo hecho de vender un libro servía para pañales o leche para mi hija y mi hijo. A veces para comprar algo de carne. También estuve vendiendo libros en el Café del Cerro junto a otros autores. Mario Navarro me ayudó a colocarme con una mesita al lado del baño, a veces no vendía nada".


UN CONCURSO LITERARIO


La escritora Mónica Echeverría y Samuel.

En 1986 se realizó el concurso literario Benjamin Moloise para prisioneros políticos. El certamen fue patrocinado por la Sociedad de Escritores de Chile y el Centro Cultural Mapocho. Los géneros convocados fueron cuento y poesía. El nombre del concurso era muy significativo: Moloise era un poeta y activista anti apartheid que había sido ahorcado en la prisión de Pretoria en 1985.

El jurado en poesía estaba compuesto por Juan Cameron, Raúl Zurita, Naín Nómez y Carmen Berenguer. Los premiados fueron los prisioneros Rafael Ruiz Moscatelli, José Luis Medina, Guillermo Rodríguez Morales, Samuel y la prisionera Patricia Roy Jonás.

Las circunstancias fueron fortuitas para Samuel: por un lado había quedado en libertad y, por el otro, fue uno de los premiados por el concurso. Fue así el único de los participantes que pudo recibir su diploma en libertad, de manos de la escritora Mónica Echeverría.

Si bien la intención del concurso era publicar los trabajos galardonados en un libro, esto nunca se concretó.

PRIMERA APROXIMACIÓN A UN LIBRO


Todo el libro es una colección de señas: fue impreso en Santiago, en 1987, bajo el sello de Ediciones El Hondero Entusiasta, el mismo título de aquella breve obra publicada por Pablo Neruda en 1933, y que recogía sus poemas escritos entre 1923 y 1924. Por cierto, el año es 1987; ahora el hondero tiene otra significación y los editores se han cuidado de que ello quede muy claro: el isotipo que se presenta en el colofón en realidad es el recorte de una fotografía de Kena Lorenzini, en la cual se presenta a un muchacho encapuchado que, tras un parapeto, apunta con una honda.

El prólogo, cuyo título es «Tomando un atajo: prólogo a ultranza», está fecha en Santiago, el 14 de diciembre de 1986, realizando con ello un claro guiño hacia la izquierda más radicalizada.

Las referencias que cruzan la obra van desde Roque Dalton, pasando necesariamente por Neruda, pero también destacando de manera significativa a Vicente Huidobro algo que, al menos para la época y en este tipo de literatura, no es algo usual.

Las fotografías del interior de la obra aparecen impresas empastadas, muy probablemente por las capacidades técnicas de la imprenta donde se trabajó el libro.

Las páginas fueron impresas en papel kraft, algo muy propio de la época, que hace recordar de inmediato, por ejemplo, la portada de Callejuela, de Víctor Hugo Castro y, en el formato de la obra, a Sobre Sebastián Acevedo y otras cosas, de Toño Cadima (1985) o a Exilios, de Jorge y Montealegre y Bruno Serrano (aquel libro que tenía paginación invertida y portada propia, según cada autor).

Hasta aquí con los preliminares de esta indagación. ¿Quién es Samuel Lafertte? ¿Qué recepción tuvo su obra? ¿Tuvo continuidad su creación poética? Son algunas de las interrogantes que abordaremos en la segunda parte de este artículo.


-----------------------------------------


Ernesto Guajardo realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en la Universidad Tecnológica Metropolitana. Sus últimas publicaciones son Manuel Rodríguez: historia y leyenda (2010), Valparaíso, la memoria dispersa: crónicas históricas (2013) y Manuel Rodríguez, el insurgente. La lucha de los patriotas en Chile: 1815-1817 (2023), las tres por RIL Editores, y el libro de prosa poética Arenas (Editorial Altazor, 2014). Actualmente está preparando Imprentas, librerías y editoriales en Valparaíso: siglo XIX.

Es director regional de RIL editores en Valparaíso, en donde dirige la colección Biblioteca Valparaíso. También es investigador responsable en el proyecto Catálogo de Autoras y Autores de la Región de Valparaíso.


Commentaires


bottom of page