Seis poemas de “Vuelo entre dos mundos” de Elisabeta Boțan
- Viaje inconcluso
- hace 48 minutos
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Por Ricardo Olave (presentación, selección y fotografía)

La poesía trasciende al poema, al idioma o al lugar de origen. Siempre encontrará la forma de aparecer, de impregnar colores o dar forma a las preguntas de quienes despertamos cada mañana. Con una pureza de quien encuentra en otro código universal las imágenes con las que ordena su mundo, encontramos la obra de Elisabeta Boţan, poeta y traductora rumana (1972).
Radicada en España desde 2002, la obra de Boţan se ha desplegado desde su infancia, donde encontró eco a sus sentires a través de una serie de concursos y espacios locales. A sus 30 años, tuvo que emigrar como muchos otros rumanos en busca de una vida mejor, encontrando en el castellano la página en blanco que necesitaba. Radicada en Alcalá de Henares, es desde la cuna de Cervantes desde donde mantiene una agitada vida poética, siempre preocupada por dar forma a comunidades que vivan y escuchen la poesía, así como mantener un contacto con los escritores y poetas rumanos.
Con una abundante obra que ha sido tanto traducida como antologada, en “Vuelo entre dos mundos” (Editorial Nuevos Ekkos, 2022), su segundo libro de poesía, Boţan explora con profundidad en cada palabra que elige la universidad de temáticas que independiente de la geografía se unen porque trastocan a todo a quien siente.
En esta pequeña selección del poemario podemos dar cuenta de cómo Boţan aborda la imagen de la mujer que ama, que sufre por abusos del pasado, de la reconstrucción del cuerpo y la mente o, como mejor dice un verso, “me llamas para recoger mi inocencia / malgastada en los ojos del cielo”.
En sus versos hay esperanza, como también abundante luz ante los actos que pueden corrompen a cualquier alma, como el desamor, el abuso o la llana maldad que abunda. La poeta no tiene miedo en desvelar la herida, la cuida con sus manos y encuentra cura al declamar en voz alta.
Con su obra disponible en España, esta es la primera vez que los poemas de Elisabeta Boţan llegan a Chile, para que así otros puedan leer por su cuenta ese mundo enraizado en dos lenguas latinas que bifurcan huellas de la mano de este lenguaje que une a los mortales.
(In)fidelidad
Mientras sacude el barniz de su pasión
en los labios de otra,
todos sus pensamientos
repiten
de manera delirante
mi nombre.
La inocencia saqueada
¡Ay, niña, ay!
Ay, niña, que llevas pétalos de flor en tu mirada,
y rayos de sol llevas en tu cabello.
Ay, niña, que te mueves como la transparencia
del viento.
¡Ay, niña, ay!
Ay, niña, cómo te acecha el hombre
con alma de infierno.
El hombre con alma de infierno y brea.
Cómo te acecha el pecado de muerte.
Cómo te acecha el pecado olvidado de dios.
¡Ay, niña, ay!
¡Ay, cómo te obliga a que seas ya una mujer!
¡Ay, cómo vierte sus pecados en tus frágiles muslos!
Pecado de muerte.
Pecado de infierno y brea.
Pecado olvidado de dios.
¡Ay, niña, ay!
Nadie más escucha tu llanto,
dios duerme.
¡Ay, niña, ay!
Desde ahora, tu paso tiene huella de pecado:
pecado de muerte,
pecado de infierno y brea,
pecado que no es tuyo,
pecado olvidado de dios.
¡Ay, niña, ay!
Ay, el templo de tu inocencia apesta a pecado:
pecado de muerte,
pecado de infierno y brea,
pecado que no es tuyo,
pecado olvidado de dios.
¡Ay, niña, ay!
¡Levántate, niña!
Esa es solo una de tus muertes
que jamás contarás a nadie.
¡Levántate, niña!
Todas somos Diana Quer
Y, desde aquí,
desde el mismo pozo de la muerte,
alzamos nuestra voz para que nos escuchen
en el mundo del feroz y todopoderoso hombre:
—¡Maldito cobarde,
cuando te cruces conmigo por la calle,
mírame a los ojos,
y ten en cuenta,
que yo también soy hija
del mismo dios descabellado que te creó a ti!
Poema para Bianca
I
Bianca,
canto de primavera,
que me lleva por la estación
de los cerezos,
con juegos, sueños y vuelos.
II
Bianca,
niña con ojos de luz,
desde tu mirada asoma
un nuevo principio del mundo.
Sin pecado original.
III
Bianca,
niña con cabello de sol
me has devuelto los campos perdidos
de la infancia
más floridos que nunca…
Y otra vez he tropezado con este deseo
de no querer crecer.
Elegías para mi madre (fragmento)
II
Madre,
tú nunca creíste en mis lágrimas...
Ah, madre...
Pues, que sepas, madre, que ya no lloro
cuando el dolor me alcanza,
solo me vuelvo lava,
y luego roca.
Otras veces,
cuando el llanto me alcanza,
me convierte, simplemente, en ceniza.
Y solo el viento, con su alto vuelo,
me recoge y me devuelve la forma de mujer.
Ruinas de tiempo
Desde una orilla donde el pasado
permanece inundado por la desmemoria,
me llamas para recoger mi inocencia
malgastada en los ojos del cielo.
Te apoyas en el tronco seco de cedro
y me haces señales con la mano.
En este instante
el horizonte no te reconoce,
y te corta los gestos
que, en la extensión de sus alas,
no entiende.




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