• Viaje inconcluso

Poemas de "Una bella noche para bailar rock", de Cristian Cruz


Cristian Cruz nació en San Felipe el año 1973. Ha publicado los libros Pequeño País (poemas, 2000, Ediciones Casa de Barro), Fervor del Regreso (poemas, 2002, Ediciones del Temple), Papeles en el Claroscuro (crónicas literarias, 2003, Ediciones Gobierno de Valparaíso), La Fábula y el Tedio (poemas, 2003, Ediciones Don Bosco), Reducciones (poemas, 2008, Ediciones Fuga), Dónde iremos esta noche (poemas, 2015, Ediciones Inubicalistas), Entre el cielo y la tierra (antología, 2015, Mago Editores); La aldea de Kiang después de la muerte (poemas, 2017, Ediciones Casa de Barro), No era yo esa persona (poemas, 2021, Ediciones Inubicalistas), Una bella noche para bailar rock, antología personal (2021, Ediciones Casa de Barro). Junto al poeta Ricardo Herrera publica Bar, Antología de poesía chilena ( ediciones Casa de Barro 2005) . Editor de Felices Escrituras, poetas chilenos pensando una provincia (ensayo y poesía, 2019, varios autores, Ediciones Casa de Barro, segunda edición junto a Claudio Guerrero, 2021). En el 2003 recibe el premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile, por el libro La Fábula y el Tedio. Ha sido incluido en distintas antologías chilenas y extranjeras.



Mi hija patina una tarde de invierno


Se acerca a la reja de la cancha y me dice: ¿Qué figura

/ quieres que haga; el ángel, el cisne (aunque ese me cuesta

mucho) o la paloma hacia atrás?

Me gusta el ángel, pero realiza lo que quieras mostrarme.

Entonces abarcó toda la cancha,

de una esquina a otra; pensando quizás cómo sorprenderme.

Al rato se acercó a la reja y me pidió la botella con agua.

El día había estado nublado y frío,

de pronto una luz naranja rompió en las cordilleras nevadas

/ que están sobre el valle.

No sabemos lo que haremos más tarde

/o cuál será el desenlace,

la brisa comienza a amoldar nuestras mejillas,

y quizás es hora de volver a casa.

Espera, espera, déjame realizar otro intento.

Claro, inténtalo toda tu vida; ser un ángel o un cisne,

como esa luz que se apodera de la cima y la abandona

/ todas las tardes, una y otra vez.



Tan poco usual


Un coreano del Norte abandonó su trabajo

/de poeta en la corte de Kim Jong-un.

Esto pasó cuando leyó El gran Meaulnes.

La literatura logra su objetivo; el emperador se

/quedó sin poeta.

Escuché esta historia en una fuente de soda

/de Estación Central.

Un bello relato, una cadena de favores,

por qué no lo hiciste un poema?

Pero mi acompañante no lo vio de esa manera.

¿A cuántos le habrá ocurrido la vida de esa manera?

Yo leí el Gran Meaulnes a los 20 y no me

/escapé de nadie,

me quedé filtrando hasta el día de hoy.

¿De quién escapas ahora mismo?

Cuando la gran cadena de hielo se ha roto, y te

/ hundes y sales a flote?

El otro día no más, pude cruzar la noche

/con mi Ivonne de Galais de cincuenta años.

Ella vive en la población El Esfuerzo al poniente de la ciudad.

Entonces fui mi emperador y el gusano que huye de la isla.

Nadie sabe de nosotros compañera;

como un glaciar que se triza a media noche

/ y deja la fractura flotando.



Circunstancias de un hombre muerto entre el velador y la cama


Un hombre que arrienda piezas a otros tipos

/tan o más alcohólicos que él.

Uno de los arrendatarios lo encontró torcido y

/ en calzoncillos entre el velador y la cama.

Se llamó a la policía, brígido,

entre el velador y la cama de este hombre que

/ había tenido una mujer e hijos;

una familia que rodó varios kilómetros por una

/ pendiente hace muchos años.

Doblado en el sillón todas las noches,

arrendando piezas al fondo de la casa.

Hace años dormía sin mujer y comía sin hijos en la mesa.

Una mañana entre el velador y la cama, cuático el asunto.

Los agentes examinaron su cuerpo

la policía hacía preguntas.

Se empadronó al barrio:

que estuvieron metiendo bulla hasta tarde,

que pasaban tomando,

que había sodomía, cosas así.

El tipo que arrendaba la pieza al fondo de la casa

dijo que podría ser la peste;

entonces lo dejaron solo con este hombre

/que arrendaba piezas;

Un día, dos días…

Y terminó entrando y saliendo de esa habitación en

/ donde había un cuerpo entre el velador y la cama.

Fue al refrigerador, sacó el paquete de cervezas del muerto

/ que tuvo una familia y rodó por una pendiente,

y se las bebió sentado en el sillón

y fue por más; encontró unas botellas de pisco bajo el lavaplatos,

y fue por más; encontró dentro del velador más botellas,

el velador al lado del cuerpo que rodó hace

/ años y por varios kilómetros.

Y volvió al sillón hasta quedar doblado

mientras afuera se seguían algunas diligencias;

sobre un cuerpo, sobre una pendiente,

kilómetros y kilómetros más abajo.



Laboral


De puro aburrido en la sala de espera:

escribo.

Ud. mantiene una licencia rechazada con nosotros.

Ok, vamos;

excusas, explicaciones, “porfa una chance”.

(igual viajé a Chiloé en esos 15 días)

Pero Ud. no está enfermo;

a) Usted defrauda al sistema

b) Usted es falso

c) Usted es un pillo

d) Todas las anteriores

Si ninguna de las anteriores corresponde a su caso, justifique:

yo iba pasando nada más,

entonces sin prever caí en un vacío

una profunda grieta,

lesiones propias de las circunstancias,

laceraciones a la vena, falta de motivación.

Pero ya estoy saliendo,

tengo las patas en el barro

pero puedo mirar las estrellas.

¿Me van a pagar la licencia?

La junta va a decidir

¿Y cuánto se demoran?

Lo que Ud. termine de salir de esa tal grieta

/en la cual dice que cayó,

o saque las patas del barro,

o termine tocando las estrellas,

simple.



Poemas del libro Una bella noche para bailar rock, antología personal (2021, Ediciones Casa de Barro).