• Viaje inconcluso

Tres poemas de Romero Mora-Caimanque



Romero Mora-Caimanque Aguirre (San Miguel, 1993). Antropólogo por la Universidad Católica de Temuco. Ha dirigido la editorial y revista de literatura "de la Ausencia". Y actualmente dirige la editorial Tortuga Samurái (en instagram: @TortugaSMR), en la que publicó su segundo poemario, Motivos, escenas y gorriones. 1era Parte, que será parte de una trilogía de libros próximos a publicar y al que pertenecen los poemas que a continuación aparecen.



6. La madre, su casa y sus gestos


No ayudé. No recibí violencia. Jugué.

Reposé. Divagué. Pensé.

Y talvez me sobrecargué de pensamiento,

pero de trabajo no, de trabajo no me sobrecargué.

Medité o especulé o creé o improvisé o recibí

(no se sabe aún con precisión) un verso

y lo escribí esa tarde en que no ayudé a nadie en casa.

Esa tarde no recibí violencia.

Fue una tarde en que no lavé ni mi ropa, ni mi taza de té.

Todo eso lo hizo otro por mí.

Mi madre, sí, fue ella,

ella lavó mi ropa,

lavó mi taza y mis platos del día.

Yo sentí vergüenza en el momento

cuando tomé conciencia que serían sus manos

y no mis manos las que se mojarían

con el agua de la llave y el detergente de la loza,

y, aunque aquello -sinceramente-

no duraría demasiado en mi pensamiento,

ella -notando mi vacilación- dijo:

déjalo ahí, hay más loza, yo la lavo toda después.

De todos modos,

me quedé pensando cómo cambiar aquello.

Al menos, con cierta honestidad, decir en un poema:

hoy y tantos años no hice nada,

no lavé, ni planché,

reposé y jugué…

Es que cuántos años ella hizo mi cama,

lavó mi ropa y toda la ropa del mundo,

y mis tazas y todos los platos del mundo.

Y sacó la basura y lavó y dejó brillante

y con olor a muy limpio el baño;

y barrió el piso y la escalera

¡y cuántas veces bajó y subió esa escalera!

Barrió todos los milímetros de la madera

con su propia pierna que sacó brillo y tiñó

-con los años-de un rojo oscuro cada escalón.

Tantas tardes, tantas noches, lavó cortinas, visillos, alfombras, manteles, pañuelos…

Cerró las puertas

y ventanas que nosotros dejamos abiertas

y por nuestra culpa la casa se llenó de moscas.

Y calentó uno y otra vez los platos de comida

¡Que ella misma preparaba!

Y que nosotros -despreocupados-

enfriamos por retrasar nuestra presencia en la mesa.

Y trapeó el pisoque sus hijos y nietos y marido

ensuciaron más de una vez mientras

ella esperaba confiada -haciendo otras cosas-

que el viento secara el piso.

Y a todos los pantalones del universo

ella les hizo sus bastas,

lesreparó sus cierres, y a las camisas

sus botones y rasgaduras.

Y cuando volvía de la compra del pan,

que ella hacía y no yo,

trajo un dulce para mí:

un yogurt, un berlín, una galleta cubierta de chocolate.

Años después, aquellos dulces serían cinco mil pesos,

para ayudarme a mí, su hijo viviendo lejos en el sur,

con plata para la semana.

¡Cuántas tardes, cuántas noches lo mismo!

Y aún -para sorpresa y vergüenza de todos-

sus cuidados se multiplicaban cuando enfermábamos;

subía y bajaba las escaleras con su fórmula de amor, remedios, comida y ternura para sanarnos.

¡Para sanarnos pronto, de la mejor manera posible!

¡Con todo el amor!

Entonces, desde la más genuina preocupación

¡cuántos remedios no inventó o recordó su ingenio!

Zumo de papa, paracetamoles,

limonadas con jengibre y miel….

Y qué poco he hecho yo por ella, pienso,

y aunque ya no es igual

porque vivo solo y lejos…,

pero no, ahora yo no importo, o sí,

pero sólo importa mi asombro, mi sorpresa

mi amargo desconsuelo y admiración

por su desmedido trabajo y desinteresada labor.

Y aquí estamos,

yo escribo los poemas que buscaré publicar

y ella mantiene como un castillo injuzgable,

siempre limpio y alerta, preparada,

su casa, el hogar.



12. Por


Por quienes aman la poesía.

Por quienes no. Por los que por años han buscado

el sueño de ser escritores, y no lo han encontrado, pero escriben y escriben y escriben y dedican -sin siquiera a veces ellos mismos notarlo-

todo su pensamiento a la literatura,

a un verso, a un cuento, un ensayo, una novela

¡Que tantas veces no se escribirá -tal vez- jamás!. Por los que se percatan en algún momento

de su íntima vocación y se asombran

de cómo se conformó su camino para llegar a ella

e instalarse permanentemente aquí.

Por los que aman y dejan —de sopetón— de ser amados, y porque ellos volverán a amar.

Por los que están llenos de miedos en la cabeza. Por los que han perdido la batalla de la vida. Por los que la vida les pasó un azote de muerte

en sus rostros y no han sabido cómo

—en lo íntimo, en lo secreto— rearmarse;

pero ahí están cada día en sus luchas.

Por los que perdieron la sensibilidad

de la cortesía y la lealtad y dejaron de esforzarse en ellas. Porque quienes algún día se arrepentirán

—como todos— de sus traiciones.

Por quienes jamás han oído nada de Parras,

de Vallejos, de Bolaños, de Kafkas, de Zuritas, de Pizarniks,

o de los estoicos poetas de su localidad;

estoicos entre los estoicos. Por los poetas que se pierden en bares y alcohol. Por los poetas que se distancian

sanamente de los bares y el alcohol.

Por los puntos medios, que fabulo pensativo.

Por las sirenas en las ciudades

y las pocas mariposas de las ciudades.

Por quien no comprende la poesía

y nunca ha sentido su poder.

Porque su poder es suave e intenso, total y parcial. Por quienes, teniendo la Palabra, no se vanaglorian.

Por los que siguen sus ideales hasta la muerte. Por los que perdieron el tiempo del hermoso

e invaluable tesoro de leer despreocupadamente y ahora trabajan de sol a sol, y aún se hacen un hueco

en su tiempo para encontrar un verso espectacular,

un formidable párrafo.

Por la lluvia, por la ventisca, por la luna, por el sol, por la mirada de los padres y la mirada de las madres.

Por las hermosas faltas de ortografía. Por donde no hubo lenguaje. Por las casas acosadas por sombras

y oscuridades que no pueden controlar. Por quien creció lleno de luz y paz.


Por quienes aman las artes sin conocer de polémicas e infamias de estos oficios. Porque quienes entraron genuina e ingenuamente

movidos por profundos ideales,

sin mediar razones y realidades y caminaron ciegos hasta que la Vida

les obliga a ver las verdades que la componen.


“Ve bien, ve las cosas tal como son,

si quieres ser un buen escritor, ve las cosas como son”,

me dijo la mujer más sabia que he conocido.

Acaso lo logre.

Por los que renunciaron a los ideales y fantasías por hallar demasiado pronto o demasiado tarde.

Por los que bajan a la orilla del Mapocho a llenar murallas con arte.

Por el joven que mira esas murallas.


Por los que caminan los solitarios

caminos de las distintas localidades del Sur,

anhelantes de arte y verdades, y de libertad y belleza.


Por los que contemplan alegres y en paz

sus verdades encontradas.

Por los que por Casualidad se encuentran con un poema y por un instante se maravillan sorprendidos de su Poder. Y por los que, como yo,

creen que las casualidades de hecho existen,

hasta que la vida demuestre lo contrario.



17. Final primero: nada que enseñarte


No tengo nada que enseñarte todo lo que dejo son destellos: vanas estelas en un presente que se deshace al dejar la hoja. No tengo nada que agregar, de ninguna manera te puedo guiar, sólo te puedo dejar rastros de lo que amé de lo que me sorprendió de lo que me nació escribir


de lo que se me obligó a escribir. No te afanes en ocultar tu manera propia de cantar por algo te tocó aprender uno u otro lenguaje

(así, no renegaste nunca de tus amigos ni de tus hermanos

creando un lenguaje que te distanciara de ellos.

No, la ignorancia te enseñó/creó un lenguaje y tanto mejor,

ahora no debes envidiar nada a nadie). Todo lo puedes adaptar, sé ingenioso,

recuerda los recursos y herramientas de cada arte,

recuerda especialmente el amor

¡recuerda ahora cuánto y qué amas!

Despierta o no duermas jamás tu luz.

Sé realmente muy valiente,

hay palabras que ni tú entenderás.

Y te equivocarás,

tendrás que echar marcha atrás y remendar. Por supuesto que dejar la huella de tu corazón

en tinta no es fácil, pero por otra parte el “Autor”


*





















se deja a un lado fácilmente, siempre hay distancia, siempre hay desconocimiento.

Finalmente, sólo serás un lejano amigo fiel de alguien.

O no. Tú, déjate fluir: practica. Aprendiz -> maestro (¡recuerda!).

Y si debes detenerte por uno u otro motivo, detente: hay tiempos en que aprender

sobre las cosas grandes de la Vida. Ten esperanza, tarde o temprano volverás a la hoja y serás capaz de decir cosas

que no sabías que podías y podías decir.

Pintarás grandes trazos de azul, rojo y ámbar,

pero aún más, cuando despiertes el amor

serás capaz de escribir trazas del cotidiano sin iguales.

Y aprenderás lo valioso que es dormir para el cerebro.

Acuérdate que el cerebro siempre está trabajando para ti. Ah, pero yo no tengo nada que enseñarte. Tú aprenderás a oír, aprenderás a aprender.

Cantarás y DECIDIRÁS SI ERES CAPAZ DE RECOGER

sin alarmarte LA PALABRA DE CADA HUMANO

ESTO ES LO MÁS IMPORTANTE, recuerda:

SER CAPAZ DE RECOGER SIN ALARMARTE (!)

LA PALABRA DE CADA HUMANO

y verás qué realmente es y somos.


Escucha, no temas.

Todas las vidas son valiosas,

todo es parte de algo:

la sencillez, la extravagancia,

el bien, el mal,

en todo hay un destino,

y preceptos secretos que no controlamos.


No te olvides tanto de que existe un cielo.


Que el sol verdadero te acompañe por donde andes.

La noche no existe, es como una maldición heredada

el cielo oscuro brillando a causa de estrellas lejanas.

Entonces, ilusión nuestra la oscuridad

y su dominio perpetuo;

¿Es que no nos recuerda eso la limpia luna

brillando especialmente llena sobre nos?

¿Y no recuerda eso el verdadero amor limpiando

los corazones en tanta oscuridad toda esta? En cuanto a mí, todo lo que dejo son destellos: vanas estelas en tu presente que deshaces al dejar la hoja.




 

*Crédito de la pintura: Karen Wyss Paillalef (IG: @leflikan_filu), “Mogen, llawfeñ, ceqron, kallfü ka pelon”. Técnica: acuarela y tiralíneas, con ramas y flores de cedrón.