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  • Juan Manuel Mancilla

"La escritura más allá de sí misma". Entrevista a Luis Retamales Rozas

Por Juan Manuel Mancilla



Luis Retamales Rozas (Peumo, Chile, 1984). Dramaturgo, gestor cultural y poeta. Vivió la mayor parte de su vida en el puerto de San Antonio. Actualmente vive en Valparaíso. Ha estrenado las obras de teatro Muda (2018) y Ausencia, fragmento de mujer (2022). El Puente es ganador del concurso Mejores Obras Literarias 2021, Poesía Inédita, del Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Mención Honrosa de los Juegos Florales Gabriela Mistral, de la Municipalidad de Santiago, 2021.

 

JMM: Semejante a otras escrituras (Luisa Aedo Ambrosetti, Florencia Smith), observo en El Puente una poética situada, de hecho, la obra está dedicada a San Antonio. ¿Podrías hablarnos sobre esto? ¿Qué motivos te llevan escribir en/sobre/desde tal lugar?


R: Hay varias motivaciones. La primera es de carácter biográfico. Crecí en la ciudad de San Antonio y mi papá era músico popular en la ciudad. Le escribió una canción. Mi papá era un cantante popular de la ciudad puerto, tenía nombre artístico: el Popín de América. La canción que le hizo a la ciudad es, al día de hoy, un himno sentimental. Se llama “San Antonio, yo te quiero”. Mi abuelo le hizo una canción a su ciudad y también se transformó en un himno. “Peumo lindo” se llama el tema. Eso siempre me hizo pensar San Antonio, a pesar de no vivir en ella, pero conozco sus problemáticas. Vivo hace 17 años en Valparaíso, pero mi corazón y mi trabajo están en el Puerto de San Antonio al momento de pensar en mi obra. Creo que existimos muchos y muchas que vivimos de esta manera San Antonio, habitándolo desde otro lugar pero con la preocupación de siempre. Mi trabajo nace en San Antonio y me es difícil no pensar en ese puerto. Creo que quedamos algunos con la vocación de una escritura situada y cívica. En este sentido, me es imposible no pensar en San Antonio al momento de escribir.

Otro punto importante es que en un taller nos impusimos como trabajo hablar y reflexionar sobre la ciudad. Se llamaba Buceo Táctico. Este taller funcionó a mediados de los 2000, en San Antonio, y en él participaron Marcelo Mellado, Florencia Smiths, Roberto Bescós, Juan Carlos del Río y yo. Realizamos una serie de acciones relacionadas con las preocupaciones de la ciudad. También se revitalizó la editorial Economías de Guerra, publicando la antología poética Cilantro de Roberto Bescós y otros títulos.

Por otro lado, hay una respuesta metodológica, la cual tiene que ver con cómo modelizar los problemas de una ciudad y llevarlos hacia la escritura. Traer la mayor cantidad de problemas posibles que se conjugan en la voluntad de la escritura más allá de sí misma.

Cuando me refiero a problemas, y su volumen, me refiero a qué aspectos reflexivos la escritura de una obra no ha sido considerada. En este caso es qué problema literario y qué manera de enfrentar la literatura, aunque creo que todo problema de la escritura es un problema metodológico, y que cada problema de una escritura es el problema de pensar en una ciudad. La ciudad de San Antonio se ha escrito de muchas maneras. Una de esas maneras son sus imaginarios, pero también la voluntad de la construcción de esos imaginarios. La construcción de políticas públicas que intencionan esos imaginarios. San Antonio es una ciudad puerto, pero es muchas ciudades imaginadas y pensadas. Fue el puerto rojo, Llolleo era recomendado por su clima para ir a vivir, el litoral de los poetas, el litoral de los médicos, pero todos estos San Antonios y sus alrededores son por sobre todo el San Antonio no planificado y que en sus decisiones se pasa a llevar a la ciudadanía. Entonces, el San Antonio que se piensa a futuro es el puerto que nos están negando. Las amenazas de la ciudad, como la expansión del megapuerto, el ácido sulfúrico, Tejas Verdes, el mall, todo eso construye la imagen de una ciudad atrofiada. En la escritura de El Puente hay una voluntad de hacerse cargo de aquello, homologando el poema, su dimensión, con la escritura de la ciudad de San Antonio. El poema como un objeto que se levanta y se hace cargo de un territorio, que es al mismo tiempo el territorio simbólico que se arma. La historia del puente botado de Lo Gallardo, es la imagen de la historia de San Antonio y lo que se esconde en la ciudad. Traer esos temas a la escritura, como las políticas públicas, cómo pensar la ciudad y prospectarla en el poema, es aquello que se transforma en un modelo para pensar la ciudad.


Eres dramaturgo. En tal sentido, en El Puente la disposición textual evoca la escritura de un guion o la inclusión de fotogramas me lleva a pensar una poética que también cruza o hace puente con otros discursos artísticos... ¿Podrías contarnos cómo el arte escénico se cruza con tu trabajo poético?

 

R: He montado dos obras mías, y lo que más hago es escribir teatro. Lamentablemente no he podido montar más seguido las obras, ya que es un género literario que tiene el problema de validarse en otra disciplina. Y respondiendo a tu pregunta: son partes de una misma escritura en distintas dimensiones. Yo creo que al final somos artistas conceptuales (con discreción lo digo) que devenimos en distintas disciplinas, entonces lo interesante es cómo se trabajan las problemáticas, y uno encuentra las variables de aquello. Entonces la idea es pararse en una idea que se pueda resolver de distintas formas. Cruzar lenguajes es, hoy en día, una obviedad, el tema es si tiene sentido. Con esto me refiero a que la voluntad de la escritura y el uso de distintos elementos y cruces de género puede parecer interesante y seductor, pero si es solo un juego de forma, sin sentido de identidad y vocación cultural, solo es un juego vacío. Es importante crecer en el desarrollo de la escritura experimentando y viendo los límites de las formas y dónde tocan esos límites, pero con un profundo sentido de identidad local y que sea un escalón que visibilice problemáticas.

En este caso, el puente buscaba ser un poema autoconsciente de un recorrido histórico, visual, objetual, de cómo se ha pensado la ciudad. Se habla entonces a múltiples voces (efecto dramático) para enriquecer la construcción y modelización del problema de la ciudad y cómo ella se piensa y diseña. La forma del poema tiene que ver con cómo enfrentar el problema de escritura de ésta. Se puede decir, entonces, que lo importante es encontrarle la forma al problema y ver elementos nuevos que el poema no contiene comúnmente.

Pero siendo honesto con el oficio de la escritura, creo que pensar desde la dramaturgia es un eje fundamental para mí, donde se resuelve de distintas maneras la obra.

 

A propósito de lo anterior, ¿cómo separas o confluyen tus “dos manos” escribientes: una dedicada a la dramaturgia y la otra a la poesía lírica? ¿O qué elementos o aspectos intervienen/interfieren en tus procesos escriturales?

 

R: Las dos juegan el mismo carril y se van complementando, socialmente me gusta decir que soy más dramaturgo, y que ideas que no me caben en la dramaturgia las veo como poemas, pero en realidad juegan más en sostener elementos de carácter estructurales en la escritura.

Con esto me refiero a que más que la dramaturgia y la poesía es la idea y el problema que se trabaja, esto trae una obra escondida y a veces, la vocación de la idea, su estructura se define a sí misma en la escritura, buscando un soporte: poema, obra de teatro, cuento, etc.

Pensar un poema como una novela, o como una obra de teatro, o como un poema épico, donde el centro es la historia de un héroe que le presta ropa a la historia mayor, la historia de una ciudad. Lo mismo con la dramaturgia. Pensarla con todos los elementos del lenguaje, pero con centro basado en encontrar formas a las variables de los problemas, en este caso la identidad y los problemas que esto conlleva sin caer en lugares comunes. Bueno, creo que son herramientas textuales que se pueden intercalar. Pero los elementos que más influyen son los procesos metodológicos, en el sentido de construir herramientas de análisis para generar procesos creativos desde los espacios culturales para llegar a una identidad. Creo que es un tema fundamental poder construir eso. Y, claro, la escritura misma luego se transforma en ello.

En esto, los procesos creativos deben venir de los procesos de análisis como forma de trabajo y resultar en una escritura, le doy mucha importancia a estos aspectos, y para mí es importante darle tiempo a la investigación y a la observación.

 

¿Cómo asumes la posición de escritor y gestor cultural ante la sociedad? ¿Crees que el artista (y su arte) debe ser resistencia frente a los poderes hegemónicos o ante las injusticias? ¿Y cuál es la respuesta por parte de las comunidades? Por ejemplo, es interesante el gesto de “re-parar” simbólicamente un puente cortado. Sin duda, un hecho poético reparatorio que también repercute en la construcción de lo real... ¿Estás de acuerdo?


R: Respuesta corta, sí. El tema es el cómo. En este caso creo que el gran problema es que el artista cree que con solo dar cuenta de su oficio basta, cuando eso es lo mínimo, o cree que por trabajar en cultura, en una expresión mínima de algo mucho más grande y complejo, se le debe algo. Es porque se piensa que al trabajar en cultura se le debe algo al artista. Pensemos en un escritor que lo único que hace es un diagnóstico de queja inconsolable, cuando lo importante sería ver cómo construye respuestas que complementen su oficio.

La idea es ir construyendo y fortaleciéndose con otros conocimientos y complementar lo que se aporta. Saber, entender e incidir en políticas públicas es importante. Entender que la justicia social no es un slogan, ni es antiestético, sino un ejercicio transversal y es necesario construir respuestas más amplias al respecto.



Fragmentos de El Puente (Editorial Economías de Guerra, 2022)

 

1 Este poema es sobre un puente que,

al tener cierta resistencia, fue capaz

de insistir sobre la hierba que creció

a su alrededor.

 

2 A pesar del terremoto que lo marca,

al igual que la maleza que se corta

con el filo del viento que lleva los susurros

de la ciudad; mezclados con

otros sonidos en el poema; como el

ruido del agua, por ejemplo, como

algún arrebato, por ejemplo.

 

3 El puente supone dos lugares que se

intentan juntar y extenderse en el territorio

del poema.


4 En este poema, las puntas del puente,

son abismos buscando el sentido del

aire corriendo, corriéndose, como

quien dice que se va, que se larga a

correr.

 

5 Perdiéndose en el poema que se despliega

y flota, cruza, desde la cordillera

al mar con las puntas dobladas y

suturadas, mi querido amigo, con su

cuerpo quebrado.

 

6 Las dos puntas del puente quebrado,

socito, unen o construyen la brecha

que existe entre el silencio y el poema;

como la disolución de la tierra,

medido en lo posible durante años y

generaciones, mientras este poema se

escribe en lo visible, lo que se borra

en la memoria de un vidrio, pensando

que el terremoto hizo una fisura

en la hoja del poema.

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