• Ricardo Herrera Alarcón

Cuatro preguntas para Chiri Moyano

(Fotografía: Rafael Arroyo Castro)



Chiri Moyano (seudónimo de Cristian Moyano Altamirano). Quebrada de Alvarado, 1974. Poeta, investigador, marroquinero y campesino. Ha publicado los siguientes libros: Hace siglos que no iba a la ciudad (poemas, 1998); Taciturno (poemas, 1999); Las cosas de Magdalena (poemas, 2002); Las confesiones del caballero andante (poemas, 2004); Relatos del Cordón de La Campana y su Niño Dios de Las Palmas (investigación, 2009); Brevísima información sobre el evangelio vegetal del Cristo Árbol (investigación, 2010), estas dos últimas en coautoría con Víctor Rojas Farías; El Olivar (poemas, Ediciones Cataclismo, 2011); Memoria fotográfica de Quebrada de Alvarado: rescate de la tradición familiar 1898-1960 (investigación, 2013), en coautoría con Marcia Emparán; Todo cocido a leña (poemas, Ediciones Inubicalistas, 2014); Oficios Campesinos del Valle del Aconcagua (investigación, Ediciones Inubicalistas, 2014 y 2018); Rescate de la Memoria fotográfica de Quebrada de Alvarado 1890-1973 (investigación, 2015); Color Hormiga (poemas, Ediciones Inubicalistas, 2018).

Obtiene la Beca de Creación para Escritores Profesionales del Fondo del Libro y la Lectura, en los años 2008, 2011 y 2014.

Ha sido incluido en distintas antologías y revistas nacionales e internacionales y su poesía ha sido musicalizada e inspirado obras de teatro.

Desde el interior de la región de Valparaíso, en Quebrada de Alvarado, comuna de Olmué, conversa con nosotros acerca de su profunda ruralidad, de su arraigo no solo de la tierra, sino también del lenguaje, los valores y los oficios campesinos. Con esa calidez y autenticidad tan propia, el Chiri Moyano nos deja aquí algunas señales de su vida y su obra.


1. Cristian, veo en tus libros una vuelta a la tierra, a las preocupaciones ecológicas, al necesario rescate de los oficios y saberes de las personas sencillas (muy en sintonía con la geopoética), todo unido también a la presencia de un hablante que desnuda las relaciones humanas en lo que tienen de plenitud y precariedad, que no deja de sentir afecto por todo lo que lo rodea. En libros como El Olivar, Todo cocido a leña o Color hormiga, parece que importara, más que cualquier preocupación estética, la urgencia de expresar una verdad, no como consigna o manifiesto, sino como necesidad vital. ¿Lo sientes así?

Por supuesto, soy campesino, además de que amo la tierra, trabajo y vivo de ella. Me interesa mucho el rescate de los valores campesinos, la idiosincrasia y sus tradiciones, que han pasado de generación en generación, construyendo el campo labrado para que las nuevas generaciones mantengan en pie estos conocimientos, que son la sobrevivencia básica y principal del mundo campesino, con todas las problemáticas que existen en estos tiempos de sequía, modernidad y abandono.

Esta es la temática de mi trabajo escritural, desde acá adentro escribo y me expreso, con el fin de rescatar, revivir, educar y difundir esta cultura, que es una vida de mucho trabajo, sacrificio y dedicación, siempre mal remunerado.


2. Quisiera que nos contaras cómo son tus procesos de creación, porque tiendo a pensar que una poesía como la tuya se trabaja con la lentitud de las estaciones y la experiencia que, como decía Rilke, requieren de largos periodos de olvido y remembranzas, luego de que lo vivido se ha hecho carne. Cuéntanos cómo se produce la gestación del poema, cómo trabajas tus libros.

Trabajo la poesía primero en mi mente, buscando el sonido, el alma y el cuerpo del poema, de ahí paso al proceso escritural, a veces el poema se desploma, de estar escrito en la cabeza al pasarlo al papel, entonces el poema se trabaja en varias direcciones, hasta encontrar la exacta del texto. Siempre escribo con un vocabulario simple, profundo, hasta telúrico. La poesía tiene que matar, decir las cosas por su nombre, ser honesta, escribirla como uno piensa, vive y se desarrolla en su terruño.

Los temas principales de mis libros son: la familia, el desamor, la muerte, la tierra con sus personajes y sus problemáticas, la precariedad humana, la naturaleza con su paisaje.


3. Una arista de tu quehacer intelectual tiene relación con la investigación casi etnográfica, fundamentalmente ligada a Quebrada de Alvarado, tu lugar de origen y residencia. Explícanos cómo nace esa inquietud y cómo se ha desarrollado.

El arraigo que siento hacia mi pueblo es la inspiración y motivación para revivir parte de la historia de Quebrada de Alvarado y sus alrededores, escudriñando y desempolvando retazos de éstas.

La identidad de un pueblo es el mayor legado que se le puede heredar a las futuras generaciones, esto se puede lograr manteniendo viva la cultura, los valores, el patrimonio, las creencias y costumbres. Son estos los elementos a cultivar por quienes sienten el compromiso de inmortalizar dicha identidad.

Como autor de los libros Memorias fotográficas de Quebrada de Alvarado y la investigación etnográfica Oficios campesinos del Valle del Aconcagua, he desarrollado los citados elementos, a través de diferentes causas, siendo la más importante y trascendental el hecho de haber nacido en Quebrada de Alvarado, como representante de la cuarta generación de una familia campesina.

El objetivo principal de mis investigaciones es indagar en la paulatina desaparición de oficios y labores, especialmente de aquellas relacionadas con el mundo rural de la zona central de Chile. Lo más valioso en éstas, el testimonio de personas que desarrollaron y desarrollan estas actividades, dejando un gran legado para las nuevas generaciones.


4- Para terminar: en una poesía tan particular como la tuya, ¿qué poetas te son imprescindibles?

Huidobro fue un poeta imprescindible en mis inicios con la poesía y siempre.

Al igual que la gran Violeta Parra con su lenguaje simple, puro y brutal en la cultura campesina.

La antipoesía de Nicanor Parra.

Jorge Teillier, su nostalgia, su bosque eterno, que nunca me canso de leer, al igual que el gran Pablo de Rokha y su clan.

Por supuesto, los padres de los padres, Virgilio y Horacio.

Los niños, jóvenes bellos, de Rimbaud, Esenin y Miguel Hernández.

El gran aventurero de Chile, Alfonso Alcalde, un poeta que admiro y que quiero mucho por su desbordante diversidad creativa en las ramas literarias.

Y, por último, mis queridos amigos poetas entrañables que son Irma Astorga, Renán Ponce, Axa Lillo y Ximena Rivera.



Poemas de Chiri Moyano



Rezos


Mi madre reza todos los días x su Dios

y pide x él…

…él en sus rezos no pide x ella.

(mi madre es + Dios que él)



Color Hormiga


La hormiga rubia

sube a la copa del árbol,

a buscar el fuego del sol.


La hormiga negra

baja a las raíces del árbol,

a buscar la sangre de la sangre.



El Pastizal


El pastizal seco

por la sangre del sol

vive en un nido de pájaros escarchado

por la sangre de la pluma.



El Olivar II


El olivar gira en torno a las estaciones

de las tempestades

llevando una vida de árbol perenne

y milenario

una vida de sueños de arca de Noé

y caos

de cartas navegables con silencio de desierto

algo así como un vuelo de mariposa desorientada

o como un flamear de bandera

agobiada x el dinero.


El olivar gira en torno a mitos y leyendas

de una familia a cuatro generaciones

llevando una vida de oxígeno, comida y pala

una vida de sombras de espinas dolorosas

algo así como una carga de cruz

de una historia que no te pertenece.



El Olivar IV


Ha quedado el esqueleto de un río

en medio del olivar

y con el tiempo

las piedras empezaron a enterrarse

entonces brotaron flores

con colores e himnos anarquistas

y pintó la aceituna en el árbol

y las comió el tordo

y las comió mi madre.


y de ahí nosotros amamantamos

y somos lo que somos.



El Olivar V


El suelo del olivar está podrido a coléricos musgos

y en el centro hay una anciana haciendo fuego

para pasar agosto.


admira el trabajo y la organización

de las hormigas

y cierra los ojos y recuerda

las fechas clásicas del verano


y fuma ríe

sueña algún día conocer el Sur de Chile

mirando el verde intenso del musgo

canta una canción de cuna llora

y orina bajo un olivo.



Las Confesiones del Caballero Andante


I


El caballero andante anda con su armadura caída

de una simple lluvia mata pajaritos

vomitando rabia y recelos x el sistema imperialista

andando como un panal de abejas maldiciendo

su propia vida.

(siendo la vida + bella que la cola de un mono).


II


El caballero andante viene de un pueblo

de viejas palmatorias

cuando adolescente corría a esconderse

a llorar y masturbarse

en la acequia estéril de los desnudos Lilenes

ahí masticaba ´pedacitos de panes duros

y descargaba pedacitos de vidrios de tricolores

en donde las lagartijas tomaban sol todo el día

sin sus colas.


III


El caballero andante anda x estos días

tomando agua como los caballos

a los pies de la gran montaña llenas

de palotes, ramas secas, ratones y telarañas.


IV

Epílogo:


El caballo con su caballero, llegarán

a la cima

a tocar las nubes efímeras de agosto

y observarán al sol escondiéndose de la luna

ese juego del ying-yang

y descubrirán la huella taciturna

del zorro hambriento

detrás de su presa, ya devorada x el gato montés

y encontrarán el manantial de cuarzo de bellezas de mariposas

ahí donde lo espera su Dulcinea en gloria y majestad.


A la hora que cae el telón celestial

nace el gran Quijote de la Mancha

en el alma y corazón del caballero andante.



Viejos Campesinos


Árboles muertos de pie, cargando la cruz de la nieve,

de viejas historias de palmatorias alumbrando la eternidad de las malezas,

sabiendo que debajo de las piedras

hay un pequeño mundo mágico

en donde nadie es dueño de nada.

Y en la copa de la palma

saben que ahí viven las águilas con las culebras,

desde esa cima dominan la campiña.

Viejos campesinos

que se reúnen a la sombra engreída e indomable de la vieja higuera,

sabiendo que a la vuelta de la esquina

está la muerte borracha

que tratará de conquistarlos

con un cacho de buey burbujeando en chicha.



Poema para los nuevos tiempos-vientos


El viento convido a volar a los viejos recuerdo:

A una velocidad máxima e increíble

A una velocidad que no se la imagina nadie

A una velocidad más allá de lo vivido y sentido

más allá de la velocidad de la luz y del tiempo.


Y con ellos se fueron a volar:

El alma de los campanarios

las hojas de los Laureles, el oro de los Aromos.

Se fueron a volar las sonrisas radiantes

de cada mañana

esculpida en una piedra fosilizada y desteñida.

Se fue lo poco y nada que quedaba

del famoso paraíso.


Y acá quedamos nosotros

los que no servimos para nada, ni para nadie

los hijos de mil demonios.


Acá quedamos entre la espada y la pared

nosotros bebiendo nuestra misma sangre rancia

y arrancando de raíz la chépica

de nuestros viejos amores

para no sentarse otra vez

a comerse las uñas

por sus viejos recuerdos.


Y acá quedamos nosotros

resistiendo esta ráfaga de viento

maldito

en este nidal de pájaros

ruinoso y hostil.


Y acá quedamos nosotros soportando

y odiando

la velocidad de la luz y del tiempo.