• Viaje inconcluso

Cinco poemas de Patricia Águila


Patricia Águila (Chiloé, Chile, 1992). Publicó el año 2018 su primer poemario, Luciérnagas (Editorial Wayruro, La Serena), Cindy López en el año 2020 (Editorial Folil) y Pabla, pies de fuego (Trizadura Ediciones, 2021). Forma parte de los colectivos culturales Pájaro Azul y Marea Negra Chilwe. Ha participado de diversos recitales poéticos en Valdivia y Chiloé, antologada por la Editorial Hermana (Talca), el año 2018, junto a otras poetas de Chile y Argentina. Algunos de sus poemas se encuentran en el fanzine “Lava N°1” de la Editorial Relente (Osorno), en la revista “Sudras y Parias “(Lebu), en la revista digital Liberoamérica “Pétalos rebeldes: Poesía chilena contemporánea”, Revista “Mal de ojo” y en la revista Cardenal (México). Su trabajo en dramaturgia cuenta con tres obras escritas: Cuerpos Embolsados, De pandemia y otras vecinas (monólogos en cuarentena), No todo lo que brilla es oro. Trabaja como locutora en el programa de radio “Amargadas” para Holística Radio de Santiago.



No quiero peinarme


No quiero peinarme mamá

No puedo peinarme

Déjalo revuelto

Si alguna vez cayeran los mechones

por la edad.

Guárdalos en sacos de harina

Átalos a las vigas de este palafito

Donde los primeros pasos

Fueron siempre

Hacia la eternidad.



En esas fábricas


Dejamos las manos en esas fábricas. Manos llenas de frío Manos hambrientas de infancia Dejamos las manos en esas fábricas no tenemos campos no tenemos playas Solo un bus, que día y noche pasa. Las muchachas cierran a la carrera el silabario. Llevando el cuento del niño y las canicas a sus espaldas. Dejamos las manos en esas fábricas Son las tres de la mañana, toca la colación. En los casilleros, las amigas esperan a las vecinas. Las hermanas buscan los zapatos de sus hermanas. Y ahí fuera, la noche y un par de estrellas Que mis amigas se detienen a contemplar El casino, las risas. Las rancheras rondan las mesas. Voces rápidas cuentan historias de casas en Molulco, Terao, Huicha, Rauco, Chonchi, Castro y Llicaldad. Caminan en silencio por esos corredores, buscando la mano vieja y áspera que los traiga de vuelta a su hogar. Las manos que harán la tierra, las manos que amasan el pan, las manos que tejen y bordan, las manos que llevan el bote al mar. Dejamos las manos en esas fábricas. Manos pequeñas, de niña y sal. Terminada la jornada, los buses esperan. Los cuerpos cansados de mis compañeras, se pierden En sueños de una playa en Yaldad o los dedos sobre la madera de la casa familiar En los senderos que las abuelas descalzas trazaron para que las nietas puedan regresar. Mis manos descansan entrelazadas en los dedos hinchados de mi compañera y despiertan Al sentir la voz de mi madre, esperándome en el portón.



Lolita


Qué le pasa a la lo-li-ta

Qué no se sube a la vereda

¿Vive por acá cerca lo-li-ta?

Lolita piel de trapo

Manitos de barro

Zapatito roto… calcetita con blonda

Lola de una y mil primaveras que debieron florecer al menos una vez.

Lola que parieron de noche en esos callejones donde no esperan a nadie.

Lola mecida en ollas que atrapan goteras.

Goteras que llenan tu corazón “tan grande como una pepita de ají”.

Lolita vestida de domingo

Vientre del gobierno, portada del kilo de leche purita.

¿Adónde vas con el cuerpo tan costurado como tus pantalones?

¿Con tus cuadernos y el cepas del valle bajo el brazo?

¿Adónde vas deshecha en canciones de cuna, que cantaban para ti las vecinas?

—Por ahí mami, por ahí…



Pájara


Con el ala rota

Con el plumaje quemado

Con el cuello cortado

Con los pies tullidos

La pájara fea del nido

Fuerte como el aguarrás

Con el pico roto, profeso que no has de estar

Y las pájaras feas de uñas quebradas

Resistiremos

Al ritmo del dúo dinámico

En callejones parpadeantes.



Corasound valiente


Tengo hambre de un presente rasgado

Como mis viejos colchones de infancia.

Mis uñas amarillas

Limpiaron tantos urinarios

Que las viejas del almacén, confunden su color con esmalte.