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  • Viaje inconcluso

Sobre “La extraña sensación de estar en casa” de Javier Aguirre

Por Ricardo Olave

 

Estoy lejos, a once mil kilómetros, pero llevo el paisaje de siempre en el corazón y en los ojos, el mismo mar, la misma lluvia, las mismas ganas.

Fragmento de Altzotik  ez genuen atera behar

 


El mundo es grande, incluso para aquellos viajeros que han visto las cosas desde ambos lados del Ecuador. Los años avanzan, ningún lugar es parecido a otro, pero siempre hay señales, pequeñas similitudes, que devuelven a los humanos a sentir desde su más primitiva inocencia a volver al origen. La lluvia, en este caso para el poeta Javier Aguirre, así como otros en la historia que lo une, tal Neruda o Blas de Otero, lo devuelve a “La extraña sensación de estar en casa”. Así se titula su más reciente libro de poemas, publicado a finales de 2023 por la editorial curicana Nueve Noventa.

El viaje del errante en algún minuto se detiene, pero jamás acaba, pues elementos vitales como el arraigo siempre son puestos en duda. La obra que presenta el escritor bilbaíno cuenta con un compilado de poemas breves que dialogan desde los muchos aspectos que significa el encontrar un lugar seguro en el mundo tras dejar la casa.

Javier entrega pistas de su travesía desde su natal y lluviosa Euskal Herria (País Vasco), hasta la suavidad de las gotas de La Araucanía, donde en el reflejo de las pozas en invierno vio más cosas en común que en cualquier otra parte del mundo. Un viaje que, como en toda ocasión, se comunica en diferentes lenguas, encuentra otras formas de expresar lo que esos lugares le dejan. Euskera y mapudungun parecen entenderse entre sí, como dos lenguas complejas que en poco dicen mucho, mientras que el francés por ocasiones y el español como punto de encuentro generan una propuesta dividida en cuatro secciones, donde el diálogo prima por sobre todas las cosas, con lo bueno y lo malo del trayecto, con las confusiones propias de la brújula sobre el mapa.

Viajar nunca es en vano, las preguntas no se acaban, y uno vive exiliándose en ellas. Con el paso de los años, el poeta no puede evitar ver su territorio donde quiera que vaya. Residente en Temuco hace 15 años, como pocos se internó en la tierra más profunda y se convirtió en hablante de mapudungun, lo que le entregó otros códigos para reflejar cómo fue su confusión al encontrar en el sur del mundo lo que acostumbró a ver en el cantábrico. Las comparaciones no son al azar para aquellos que han podido internarse en el País Vasco o el Wallmapu, y sus contradicciones por los cambios de estaciones en fechas diferentes se vuelven parte de su normalidad. Las dudas oscilan en volver pero no se sabe dónde. Es en el migrar donde uno se encuentra con otros pares, independiente de sus circunstancias, tal como observan poemas como “Primer Vaivén”, “Arca” o “Transeúnte”, que nos invitan a imaginarlo. El viajero se cobija en la decisión de su aventura al recordar que “la soledad, al compartirla, sola se va”, y así va dando nuevas pisadas día a día.

El poemario condensa la contemplación de los años, recopila dudas actuales, el detenerse a mirar lo recorrido, a quienes quedan atrás, las frases no dichas, el recuerdo de aquellos que aún habitan en la memoria. Incluso hay espacio para discutir sobre cómo se vive el viaje actualmente, ese constante fenómeno cultural de la democratización del turismo que busca filosofar con las mismas cartas de aquellos que viajan deteniéndose a observar. “Algo funciona mal, algo está mal montado cuando ya no tenemos tiempo para vivir”, nos dice en el poema homónimo, aceptando que nada se puede cambiar, así como a los problemas de su actual territorio con “Qué se hicieron”, “El desalojo” o “Monolingües”, versos en que le habla no solo a los chilenos que habitan el sur, sino también a aquellos que ven rarezas en otras formas de comunicarse más allá de los idiomas coloniales. De hecho, ya entrando a la parte final del libro, aparecen varios poemas en mapudungun o euskera, muchos de ellos traducidos, aunque no parecen extraños o incomprensibles. Es en ese no entendimiento donde también expresa esa búsqueda por volverse uno más dentro del paisaje, con el corazón abierto hasta llegar al mar.

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