• Pablo Ayenao

¿Qué corazón apaga su brillo?

Apuntes sobre Motivos, escenas y gorriones: primera entrega (Ediciones Tortuga Samurái, 2021), de Romero Mora-Caimanque Aguirre.


Por Pablo Ayenao



Al ver la portada de este poemario resaltan dos cosas. La primera es el título, puesto que Motivos, escenas y gorriones: primera entrega, nos indica que es el principio de algo que continúa, no sabemos bien cómo ni dónde, pero continúa. La segunda se refiere al nombre del autor, tanto por la longitud, así como por la hibridez de aquellos apellidos que, separados por un guion, siendo opuestos forman una unidad. Cuando hojeamos el libro y posamos nuestros ojos en las páginas, en algunas páginas, resalta una tercera particularidad: los bellos y elaborados dibujos que integran el poemario, ilustraciones a cargo de Karen Wyss Paillalef.

Motivos, escenas y gorriones: primera entrega es el tercer libro que publica la editorial temuquense Tortuga Samurái. Esta editorial posee un origen muy reciente: marzo de 2021. Su breve catálogo, hasta ahora solo poesía, presenta una encuadernación artesanal muy pulcra, además de atractivas imágenes de portada.

Profundizando en la escritura propiamente tal, podemos señalar que el primer poema del texto, llamado “Centro y Sur”, sintetiza de forma plena y convincente la propuesta que este libro apareja. Vamos viendo: “Quiero ser una voz dulce y dolida / como la de un parabién / o un vals bien, bien valseado, / pero soy una voz profundamente santiaguina”. En estos versos advertimos tanto la concentración geográfica donde se ubica el hablante (Santiago), así como su concepción poética (parabién: regalo que da felicidad). Es necesario subrayar que la oposición de dichos tópicos es siempre un imposible: el susurro del vals. De esta forma, la letra nunca es suficiente y el hablante tiene plena conciencia de aquello. Lo geográfico, entonces, encuadra siempre una tensión: “De tanto quererlo, / siento que me voy volviendo Sur”. Así, el Sur, con mayúscula, simboliza un anhelo: la estética que quiere desarrollar el hablante. La reflexión literaria, de tipo conversacional, atraviesa todo el libro y encuentra su punto más alto en “Final primero: nada que enseñarte”, último poema del libro: “En cuanto a mí, / todo lo que dejo son destellos: vanas estelas en tu presente / que deshaces al dejar la hoja”. Apreciamos acá, de forma muy ilustrativa, la impotencia del vals y de la hoja.

Existen, también, otros tópicos en este poemario. Tópicos que se despliegan, igualmente, de forma conversacional, afectuosa. Proseguimos con el vals. De esta manera, encontramos la figura de la madre como puntal de aquel dispositivo llamado familia. Ella es la encargada de enseñarles a leer a sus hijos y de atenderlos en todo lo que necesitan; además, claro, de velar por el hogar. El poema “La madre, su casa y sus gestos” es revelador a este respecto: “Es que cuántos años ella hizo mi cama, / lavó mi ropa y toda la ropa del mundo, / y mis tazas y todos los platos del mundo”. La madre es guardiana, figura trascendental y profundamente anclada en la memoria del hablante. Por otra parte, cerca de la mitad del poemario tropezamos con textos sobre gorriones; diversas imágenes, diversos gorriones ¿O es un solo gorrión?: “Primero, el gorrión, que carga ramas secas, / luego la gorrión, que altiro, rápida / se da una media vuelta y se asoma afuera a observar / mitad por costumbre, / mitad por precaución y sana curiosidad”. Estos versos metaforizan el trajín del día a día: la búsqueda del amor, el cobijo de una familia, los desesperados aleteos, la inevitable exploración. El humano ir y venir que no es algo humano, no solamente. Distinguimos, asimismo, un tópico que posee un carácter místico, espiritual, aunque con diversos énfasis y lineamientos. Dos son los textos que conforman este tópico, dos poemas que trasuntan una significativa importancia. El primero es un texto llamado “Jesucristo (encuentro)”, en donde se nos expone la conversión religiosa del hablante: “Tembló mi alma ante tu cruz. / Y miré a la Historia llena de tu nombre y tu sangre. / Recordé tu corona de espina, nuevamente coronándote”. Acá, lo místico es netamente religioso y subraya, de manera muy elocuente, tanto la fidelidad frente a un dios como las consecuencias de haberlo descubierto. El segundo texto, llamado “Vivían en el Sur del Mundo un pueblo llamado Mapuche”, nos refiere, a modo de canción u oda, los derroteros que ha afrontado el pueblo mapuche: “Vivían en el sur del mundo un pueblo llamado mapuche / sus hijos e hijas trabajan la tierra / Anhelan, conocen, rechazan y absorben la modernidad. / Y estudian, escriben, danzan, cantan, hacen teatro”. El misticismo que despliega este poema es de signo historiográfico. Da cuenta de las vicisitudes de un pueblo, exponiéndolas circularmente, como una oración que nunca se termina.

Por último, quisiera recalcar que Motivos, escenas y gorriones: primera entrega, de Romero Mora-Caimanque Aguirre, configura una poética entrañable, a ratos sosegada, a ratos pródiga, en donde el lenguaje es siempre una búsqueda de complicidad. Estamos frente a una correspondencia amorosa que se sostiene en la devoción a la palabra. Pero no es solo eso, encontramos también una devoción al paisaje, devoción a la nostalgia, devoción al deambular: un gorrión eleva su pata izquierda, una niña se balancea en un columpio, un poeta lee los letreros de las calles. Anhelamos la segunda entrega de Motivos, escenas y gorriones; para saber cómo continúa esta historia, aunque ya lo intuimos. Sí, esta historia se construye desde las intuiciones.