• Viaje inconcluso

Poemas inéditos de Paula Cuevas



Paula Cuevas nació en Temuco en 1995. Autora del libro Otredad de Tumba (2019) publicado por Editorial Bogavantes. Ha trabajado en proyectos literarios locales, como también en proyectos teatrales y performáticos. Además, es profesora de Castellano y Comunicación de la Universidad de La Frontera.



Temo a la ausencia


He soñado con abandonar Temuco. He soñado varias veces desaparecerme de los ojos brujos que portan la memoria. Y si de irme ya no estuviera, cómo se aliviaría esta sed torrente de haber sido parida en este precioso castigo,

la dulce agonía que es Temuco perla. Ninguna otra luz dibujará bajo su manto una perla triste, ninguna mirada aguada podría volver a leerla, pues aquí en Temuco la gente llora en seco, el sacrificio de mis coterráneos curtidos por el duelo. Y sus lágrimas jamás aterrizadas habitan en la lluvia, en el charco doloroso que encandila al alumbrado.


Si de irme, pues no me he ido, cedería mi cuerpo a la posesión proliferante tejida en santa añoranza de estos pasos gruesos que retumban mis coterráneos abatidos. Y los llevaría a todos en la espalda, en los dedos, jugueteando con las sutilezas y desbocada imagino: jazmín, cardenal, piedrazo polillas celestinas y el aroma este humo pegado a los huesos, a las caricias entregadas sin respuesta.


Si de irme, no me iría nunca. Donde fuera buscaría cualquier atisbo de mi vida que es Temuco. Sólo los vidrios quebrados calcarían mi rostro percudido y así, cazando rincones sabré que no me he ido nunca.


Sentencia o lo inevitable del siglo ciego


Si algún día se extirpase esta enfermedad que expele desde los poros no habría nuevamente una casa ni rincón alguno. Pues aquí se ha bebido y habitado más que cualquier bonanza agónica buscadora de tibieza bajo la techura percudida.


Es esta pena crónica el centro de la Ciudadela abandonada. Es la melancolía inagotable la que servirá el cáliz cuando la disolución de la carne nos complazca. Por mientras llueve


Y es el último verano. Por mientras acaricia lo que va quedando de pelaje


Un kiltro quemado gravita por las cuadras gritando


Y lame su poca mecha resistente imaginando en cada beso autoinfligido el amor jamás brindado.


Animalito oculto Ternura lastimera.


De un gruñido se traducen crueles músicas, las únicas entonaciones que despiertan a estos suspiros enmohecidos.


Llénale de pócimas florales, recaerán como angustia en sobremesa.


Amante de la tragedia: asume tu destino de hilachas. Pobre será tu blandura pobre y disparatada.



Detector de mentiras


Urgida como si quemara esta necesidad de enrostrar el resquebrajo que notoriamente todos se guardan prefiriendo elucubrarse y dar a entender todo el sentido que extraen de lo cotidiano. ------Mas------ poco creíble es ese orden esa contemplación tan soberbia con una claridad que reluce de tanto frotarla la joya de risa hilarante y descascarada.


Lapido esa actitud pretenciosa negadora de sus congojas húmedas. Les creo a sus puros ojos malolientes de pena que lloran por cobijo un rato Recostados como crías abandonadas frente a una lumbre imaginaria y después a la calle nuevamente

a morderse las garrapatas entre muchos pelear la última fruta del costal y hablar tanto de justicia.



Fotograma de la Luz contemporánea


De frentón ante el silencio sobrante se mira al espejo el secreto de la incertidumbre. Una a una tironea sus canas una a una van nombrándose las posibles causas que definirán la suerte patria. Humanidad encarnada, en carnada ofrecida al deguste de bocas ilustres y biliares Encaramados nosotros sobre la mesa reconociendo la insatisfacción de ser migaja, como gatos pecadores observando su desastre contemplamos, criaturas ineludibles espectáculos de incongruencia. Huyen compatriotas por un mar Formado de llanto y sangre. Llenos de hambre y tristeza rondamos las esquinas, buscando en la basura algún vestigio de lo que alguna vez se llamó Amor o Chile y de la mano sinrazón y ejecutados. Preguntan los coros humanos: Si ya se consumió el siglo si la certidumbre del colectivo yace bajo tierra si el apocalipsis ha sido vivir la vida, si lo infranqueable del espíritu resiste otro balazo. Y si la inocencia habrá sido mucha, si será cierto que cada candado tiene su llave, y si el amor que quedó prisionero en el corazón de los asesinados logró abrir algún sepulcro. Jamás olvidar, eso sí que a falta de llave la rabia del cuerpo es metálica. Derrite y arde gritando coraje, hasta socavar la armadura. Capa tras capa, Noche y noche Cada día es ofrenda divina para alimentar el dulce odio, y así echarnos a dormir sobre las cadavéricas florecillas que se llaman sangre de Chile.


Realidad es sueño


La confundible hermosura del a n h e l o se desvive, dibujando una dan Z a mutilada.

Deja llorando a los niños. Suspendidos en un viaje sin retorno donde sólo existen las polillas

Arrancando por sus bocas.