• Ricardo Herrera Alarcón

Carolina Quijón: “Se debe huir del aplauso ignorante, la adulación familiar, la excesiva confianza”

Por Ricardo Herrera Alarcón


Carolina Quijón Sáez nació en Carahue en 1977. Reside actualmente en Temuco. Es trabajadora social, gestora cultural y escritora. Se desempeña como asistente de la educación en Liceo Intercultural Guacolda. El aprecio por la vida de pueblo, el silencio y la conexión con la naturaleza están presentes en su trabajo, realizado en diversos espacios culturales, desde lo grupal a lo individual. Autora de Tesoros de montaña, en 2013, libro que da cuenta de una porción de tradiciones campesinas y de localidades que forman parte de la cultura inmaterial de la zona de la Araucanía, y Fauna nativa del Ñielol en origami, en 2020, libro de fábulas ecológicas. Durante 2020 obtiene el primer lugar en Concurso Literario Biblioteca Comunitaria Guido Eytel, concurso Literario Abejorro Nativo organizado por la Universidad Autónoma del Sur, facultad de Ciencias, Escritos en Pandemia de la Municipalidad de Nueva Imperial y uno de sus escritos es seleccionado para ser parte del contenido de la Cápsula del Tiempo con motivo del eclipse total solar de 2020 cuyo contenido será revelado el 30 de abril del año 2413 cuando ocurra en la zona nuevamente este fenómeno.

Carolina Quijón nos habla en esta entrevista sobre las trampas a las que debe entregarse y debe huir todo poeta para sobrevivir, sobre sus dos libros publicados, la importancia de Roberto Arlt en su escritura y la necesidad de alejarse de los pueblos para obtener el anonimato y “volver a ser nadie”.



Carolina, quisiera que me contaras qué es para ti, hoy en día, imprescindible en la formación de un poeta. Por el contrario, de qué debería huir un poeta.


En la formación del poeta siempre es necesario encontrar, o quizás más bien que te encuentre alguna figura que ponga fin a la apacible calma vivencial, que encauce solapadamente intencionalidades, lecturas precisas que permitan escapar del yo sin perder la identidad que conecta con cierto origen profundo y único de la historia de vida, supongo que es necesario también una especie de positivismo marginal que en algún momento entregue alegría, satisfacción, tramposa por lo general, etérea si se quiere, que autoengañe al poeta, que le haga creer que es necesario continuar. Luego de lo anterior, es imprescindible caer, junto con las mismas figuras que ensalzan, que provocan al ser miserable contenido, al ser irregular, poco interesante, sin ingenio y desde ese vacío de ideas, desde la vulnerabilidad de una soledad herida, probar si aún está el poeta, no más fuerte por sobrevivir, sino consciente de lo necesario, de lo que carece. Creo que se debe huir del aplauso ignorante, la adulación familiar, la excesiva confianza y sobre todo de las recomendaciones mediocres como ésta.


Tienes dos publicaciones a tu haber, pero en el ámbito de la crónica y la investigación. Me gustaría que nos hablaras de esos libros.


El primero de ellos, Tesoros de montaña, cuenta una fracción ínfima de la ahora llamada cultura inmaterial de la zona campesina costera, en donde deambulan seres familiares que nos conectan con un pasado de trabajo y sacrificio del que poco se habla, porque los abuelos no se quejan ni lloran, transformaron sus historias en anécdotas que fueron los mitos y leyendas que oímos de niños, y que lamentablemente ahora desmitificamos y olvidamos. Pero en aquel entonces, cuando fue publicado con financiamiento de Fondart, decantó en un texto amable de historias campesinas, que hoy para mí tienen otras lecturas.

Fauna nativa del Ñielol en origami es un juguete, un artículo que nunca tuve de niña y que un día surgió en medio de una pandemia incierta, un puñado de fábulas de animales nativos de esta zona, con una clara intencionalidad ecológica, en donde, además, elaborar las figuras en papel me permitía el tiempo para errar, una y otra vez, para alcanzar siempre resultados distintos, mejores, peores, nunca perfectos.


—¿A qué autor de la literatura chilena o universal te hubiera gustado conocer y por qué?


Al argentino Roberto Arlt por su rebeldía contra la autoridad en su infancia y juventud y, sobre todo, por la capacidad de involucrarse en diversos quehaceres; colaboró en un periódico local, fue ayudante en una biblioteca, pintor, mecánico, soldador, trabajador portuario y manejó una fábrica de ladrillos, entre otras, para decantar en la novela y crónica, que para muchos es referente, pues rediseñó lo temático y lo lingüístico para dar cuenta de la relación artista-época interesantísima de conocer hoy para mí, cómo logra pasar del trabajo físico-manual al literario, la lucha contemporánea de tantos.


Naciste en Carahue, has vivido en Imperial y ahora resides en Temuco. ¿Qué han aportado estos lugares a tu escritura?


La oscura y apacible zona de confort que me ha permitido circunnavegar el pequeño y odiado lugar común, en el que reiné en algunas ocasiones, cuando quise. Lo importante de alejarse de los poblados, es obtener el anonimato, el volver a ser nadie, el esforzarse por ser integrada a los escasos grupos de interés, el encanto de lo nuevo, del ser espectador desde la última fila que permite el retiro silencioso, casi invisible. Me acompaño de estereotipos, clichés del pueblo chico, del campo sin haber vivido nunca en él, que en mi escritura rescato y defiendo, porque siempre en algún verso, retornan mis muertos, a los que se quiere y desprecia pero no se teme.